El arte [ciencia] de regalar un “buen” vino

“Il ne faut pas être gynécologue pour faire l’amour” Michel Chapoutier

El otro día me encontraba en una reunión familiar . Al merodear en la cocina me percaté que había una selección de vinos para la paella que íbamos a comer ese día. Me acerqué a estudiar el set de vinos. Habían 5 vinos tintos de los cuales: 1 era español, 1 era de la unión europea y 3 eran franceses. Todos completamente desconocidos por mi. Sólo un vino era monovarietal (Pinot Noir) y los demás mezclas. Todos contaban con las denominaciones mas bajas de acuerdo al Reglamento (CE) nº 479/2008. Concluí que el denominador común de los vinos era su precio de compra: todos pertenecían a la gama más baja del mercado.

La reunión continuó y se acercaba finalmente el momento de “darle de comer al bicho”, como diría mi buen amigo Matías Urbin. Una tía se acercó y me pregunto sobre la existencia de vino para acompañar la paella y el resto de los alimentos. Le comenté que habían 5 botellas. Como era de esperarse mi respuesta no fue suficiente para calmar la curiosidad de mi tía puesto que esperaba una breve explicación/historias de los vinos. Le comenté que eran totalmente desconocidos por mi así que procedí a degustar dos de ellos. Ninguno contaba con defectos técnicos como oxidación, reducción, corcho, etc. Adapté rápido la temperatura de servicio (17ºC) y re-degusté esta vez tomando apuntes sobre la estructura, volumen, perfil aromático, complejidad, intensidad y equilibrio. Los vinos compartían la misma tendencia. Vinos placenteros o “amables”, como suelo escuchar seguido. En un lenguaje técnico los vinos eran poco aromáticos, cortos en boca, mucha azúcar residual (<8g), redondos, poca masa tánica y nada más. Mi conclusión: vinos de mesa sin defectos que pasan totalmente desapercibidos.

Éramos 20 adultos y solo se acabó 1 botella, 2 permanecieron sin abrir y 2 se quedaron abiertas con el 75% de su contenido. Un verdadero fracaso.

Pero, ¿Qué pasó? Me dí a la tarea de analizar esta lamentable y común situación. Quiero comenzar por aclarar lo siguiente: el precio NO es determinante de la calidad de un vino. Segundo, NO hay que ser expertos en vinos para regalar un “buen” vino. Como me lo dijo una vez el reconocido enólogo Michel Chapoutier en su frase al inicio de este post: “No es necesario ser ginecólogo para hacer el amor”. Sin embargo, “regalar por regalar” puede causar la ausencia de una bella experiencia gastronómica.

Les propongo que vean el vino como un libro o una película, para aquellos que son más audio-visuales. ¿Ustedes regalarían un libro que no han leído o recomendarían una película que no han visto? La clara respuesta es: no. Regalamos “algo” porque “eso” nos gusta y lo queremos compartir y discutir. Nunca regalaríamos algo sin conocerlo o sin recomendación, ¿cierto? Entonces, ¿porque SÍ cometemos semejante error con el vino? La realidad es que la gente regala vinos basados en su precio, etiqueta, contra etiqueta y vagas referencias como supuestas medallas ¡SIN ANTES PROBARLOS!

¿Qué se pudo haber hecho [mucho] mejor en el caso de mi reunión familiar?

Primero (1): Enfocar la selección de vinos de acuerdo al platillo es decir la paella. Ya se sabía que habría paella tradicional como plato fuerte. Un platillo que por cierto se marida excelentemente bien con el vino. Cualquier Sommelier hubiera podido hacer una recomendación adecuada.

Segundo (2): ¿Qué vinos me gustan y cuáles quiero compartir? Anímate a llevar un vino que te fascina y pon a prueba tus gustos con los demás.

Tercero (3): ¿Que vinos me han dicho que son”buenos”?

Cuarto (4): Preguntar al anfitrión que vinos le gustan. Así de fácil. No sabes que vinos regalar, pues dale gusto al anfitrión preguntándole sus gustos. Te sorprenderías lo específicos que podemos ser en conocer nuestros gustos.

Quiero concluir mi artículo por recapitular que por una mala decisión segmentando vinos de acuerdo a su [bajo] precio se perdió una experiencia que pudo haber sido maravillosa. Además, 2 vinos se quedaron abiertos y 2 ni siquiera se degustaron. Yo he propuesto anteriormente una estructura simple para poder regalar un “buen” vino que otorgue felicidad y trascendencia gastronómica.

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